Visitando cualquier fábrica de viviendas se puede comprobar que, aunque parezca extraño, construir en una fábrica es más fácil y económico.
Lo difícil es construir la fábrica misma y después aplicar las técnicas constructivas a un proceso industrial.
Una vez conseguido esto, observamos lo siguiente:
1º el doble control de calidad al final de cada tarea, por el operario y por el controlador, hace eficiente el proceso disminuyendo los partes de reparación,
2º Al ser tareas repetidas, los partes de no conformidad se pueden procesar para evitar nuevos errores,
3º Las condiciones meteorológicas adversas no influyen en la producción,
4º Las condiciones de trabajo para oficiales de edad, aprendices y minusválidos son las mejores.
5º Estas mejores condiciones de trabajo y la contratación sin destajos reducen drásticamente los accidentes laborales,
6º El aprovechamiento del transporte y del material es óptimo. A una fábrica llegan camiones completos y hay muy poco material sobrante. Los contenedores específicos permiten el reciclaje del poco escombro que se genera.
Dejando al margen la mejor calidad de un producto industrial, el sufrimiento y riesgo de los trabajadores de la construcción, el aprovechamiento de sectores laborales marginados y de los recursos materiales, en ABS hemos estimado:
En términos de eficiencia, la relación aproximada es de 9 horas de un operario de fábrica por 30 horas de un operario en una obra tradicional, por metro cuadrado de vivienda unifamiliar.
En cuanto a energía, la construcción industrial consume aproximadamente 6 veces menos energía que la convencional para una misma unidad de obra.
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